Una tarde con Inoue y Obata

Casi me sentí como si me hubieran tendido una trampa.

He asistido a todo tipo de charlas y clases magistrales… sobretodo las del Salón del Cómic, para qué os voy a engañar. No soy el mayor aficionado del mundo al manga. Me gustan Masamune Shirow, y Otomo, y Tezuka, y Cowboy Bebop y Evangelion y demás, y las cosas fantásticas que hace el Bones Studio (y Ghibli claro, a quién no). Pero no, por lo demás no soy nada de manga.

Así que llego, paso por la entrada de acreditados, hago todo el tour por el salón en algo más de dos minutos (impresionante: este año se han esforzado para que todo el mundo tenga su espacio y la misma proporción de oxígeno) y cuando llego al stand habilitado por l’Escola JOSO, me lo encuentro bajo asedio. Naturalmente pienso “si esta es toda la gente que hay fuera, ni me imagino la que habrá dentro”.

Como trabajo para la escuela, me salto la cola y entro (“Qué raro… normalmente no hay seguridad en la entrada del stand”). Y entonces es cuando me enfrento a la demoledora verdad: en el stand no hay nadie y toda la gente fuera está matándose por entrar. Claro, yo ni me atrevo a poner el trasero en una de las cuarenta sillas vacías, porque aún acreditado, sería ponerse una diana en la cabeza.

Lo que yo decia, como si me hubieran tendido una trampa.

Al poco entra mi colega de profesión, Diego, que es el verdadero experto en manga: con él será como contar con subtitulos.

La gente empieza a entrar (no sin algunas broncas de rigor), y como es habitual, todavía están los que se arriman al stand para verlo desde la barrera. Entran un par de japoneses, uno muy alto y muy calvo, y ni siquiera Diego está seguro de si es el sensei Obata. Al poco aparece Obata: tan normal era, que no sabría ni deciros la ropa que llevaba.

“Estoy muy nervioso” nos dice el traductor, en castellano.

Las manos le tiemblan cuando comienza a abocetar un par de personajes, pero eso no quita que proceda sin necesidad de encajar las figuras. Directamente de la cabeza al papel, como un bluetooth de artista. “Son los dos protagonistas de Bakuman” me aclara Diego. Lo que resulta muy curioso y especial del manga de Bakuman, es que cuenta las vivencias reales de Obata como mangaka (bajo la identidad de Saiko, el protagonista). Para que entendáis la cosa, el hombre muy alto y muy calvo de antes, es su editor de Shonen Jump, que aparece como tal en el manga. Es quien aprovecha para comunicarnos en exclusiva que sensei Obata ya está trabajando en un nuevo proyecto.

La presencia del editor dio pie a que se pudieran comentar algunas anecdotas de la elaboración del cómic, pero estas charlas nunca son perfectas, y la alta megafonía me impidió a mi, y al resto de los presentes, entender la mayoría de lo que se dijo. Núnca había visto a la gente tan consternada con ello: de veras me alegro de no haber ocupado una de esas sillas al principio, o no estaria escribiendo esto.

Mientras tanto, Otaba ya tiene casi listo el dibujo. Pone la tinta con plumilla, una plumilla tipo G. “Es la que usan muchos autores japoneses -me comenta Diego- como el de One Piece”. Gira constantemente la hoja para asegurarse de que da el trazo en la misma dirección. En menos de media hora tiene a los dos personajes entintados. Según nos dice, hace diecinueve páginas por semana.

Imaginaos si ya sabia que le sobraría tiempo, que cuando termina, sorprende a los fans con un dibujo a lápiz ya preparado de L, de Death Note (por si te lo estás preguntando, no, Diego no tuvo qué decirme quién era, no soy tan carroza ni tan negado). “Cuando creábamos al personaje, Yoshida creía que debía hacerlo guapo, pero yo pensé que debía ser todo lo contrario -nos cuenta Obata- Lo que sí sabía, es que debía poner especial cuidado a los ojos, ya que la principal característica de un detective es su capacidad de observación”. De nuevo la megafonía del salón, nos impiden captar parte de lo que dijo.

Lo que si puedo deciros es que la madre del pequeño Juan le encontró por fin y pudo llevárselo a casa.

Tras una ronda de preguntas del público, sensei Obata se marcha dejando huérfanos a sus fans, no sin hacerles saber antes que está muy agradecido de visitar Barcelona “… ya que en Japón, los autores no estamos acostumbrados a este trato tan ‘cercano’”.

Es el turno de que nos bendiga con su presencia Takehiko Inoue.

“Para ver a Inoue no vendrá tanta gente, Obata es más popular”. Diego me comenta también de forma anecdótica, que Inoue tiene exposiciones en galerías de Japón, y que en términos generales se le considera un verdadero artista, un pintor, y no simplemente un ‘mangaka’. “De hecho, creo que hizo un libro sobre Gaudí”, cosa que aún no he confirmado.

Mientras hablamos aparece un tipejín con gorro y una de esas chaquetas cortavientos que puedes comprar por cuatro duros en Decathlon. Llega hasta la primera fila, cargando una mochila, y se pone a sonreir y a darle la mano a la gente. Resulta que el tipejín es Inoue. Se va para la mesa y tira sobre ella como cuarenta pinceles. Más tarde, al terminar la charla, sortearia veinte de ellos, alargando la charla quince minutos más de lo previsto y provocando uno de los mayores líos a los que se han tenido que enfrentar el staff de la Joso.

Por ahora sin embargo, se conformaba con regalar pins.

“He bebido un poco de cava antes de venir, os aviso” nos comunica a través de su traductor.

Eso no le impide ponerse a dibujar una página entera de Slam Dunk, y se inventa la historia sobre la marcha. Nos pasa a los presentes muestras del papel que utiliza: cuando llegó a mis manos pude constatar que era extremadamente liso y bastante grueso. “Para Slam Dunk uso un G-pen, pero ahora mismo tengo un pincel favorito -comenta, mientras le pasa la página a otro dibujante para que la termine- Me gusta poder modular la línea”.

Después de esto, se saca de encima en pocos minutos un retrato de Musashi con enormes manchas de negro, muy minimalista y enérgico: “Si pudiera, les dedicaría siete o diez días, pero tengo que hacer mis treinta páginas en cuatro días -después de que lo dijera, tanto a Diego como a mi, no nos salían las cuentas- Las noches sin dormir son las más divertidas. Cuando no tienes tiempo, lo normal es acabar las cosas con grandes manchas de negro del pincel”.Pronto se lía con otro dibujo (una acuarela directa sobre lápiz, con sólo tres colores: azul, naranja y lila). “También he bebido cerveza” nos aclara, supongo que para que no quedaran secretos entre el autor y sus fans.

En pocos minutos consigue un color enormemente pictórico. A mi desde luego me conquista. Para cuando empieza a sortear los pinceles, Diego y yo ya nos recojemos, y podemos asegurar, que mientras el salón estaba por cerrar, Takehiko Inoue aún estaba regalando (casi) todo lo que llevaba encima entre los asistentes.

Recuerdo entonces lo que había dicho sensei Obata antes, sobre el placer que era para ellos venir a Barcelona por ‘esta relación tan especial con los fans’. Incluso con estilos opuestos (Obata vino con sus editores, con la mayor cordialidad, e Inoue vino con su mochila a cuestas, arrasando con todo y sin nadie que le presentara), ambos se me antojan un recordatorio sobre la humildad de esta profesión, seas mangaka, o simplemente dibujante de comics. No son, ni quieren ser, diferentes de sus fans.

Y qué fans más feroces, dios de mi vida. No vuelvo yo a caer en la misma trampa…

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