Una tarde con Zidrou y amigos

Para quien no hubiera sido debidamente informado, decir que ayer se perdió la oportunidad de pasar una tarde con Benoit Zidrou. El guionista francés, que reside con su familia en Ronda, Andalucía, querido por todos los que disfrutan del lado más costumbrista y tierno del cómic, se personó en la Casa del Libro, en la Rambla de Cataluña, Barcelona.

A juzgar por la asistencia sin embargo, podría aseverar que fueron pocos los desinformados.

Benoit no estaba sólo, ya que le acompañaban sus secuaces en la cosa esta de contar historias: Roger, Homs, Lafebre, Oriol y Francis Porcel. “Zidrou es un tipo sin complejos” dice Homs, quien le introduce como alguien a quien puedes perder de vista en plena calle y encontrarle cuatro pasos más atrás hablando con el dependiente de una floristería, o con cualquier otro desconocido que le suscite un inusitado interés.

Cosas de escritores, supongo.

Yo estaba sentado en la última fila de la anegada sala de actos de la macro-librería. Concretamente, estaba al lado de una mujer francesa y sus dos hijos francófonos (¿sería posible que fueran…? Debería haber preguntado.) Más atrás incluso, en el fondo del salón de actos, pude ver a Mai Erguza, la única chica en la cuadrilla de Zidrou (con la que próximamente publicará ‘El Paseo de los Sueños’ la onírica historia de un hombre sonámbulo).

Luego subiría al estrado de los homenajeados, pero de buen principio, estaban sólo los ‘chicos Zidrou’.

“El primer guión que me llegó de Zidrou, me llegó por correo ordinario” continuó Homs. “Me gustan los sobres” corroboró el guionista, descargando el público sobre él una carcajada amable (pese a que dada la historia reciente de nuestro país, semejante afirmación se ha vuelto un tanto impopular). “Los sobres que envía Zidrou pueden venir tranquilamente forrados con cromos de Panini: recuerdo que el mío tenía uno de Dani Alves”.

En pocos minutos, los asistentes ya sabemos que a Zidrou le gusta jugar al tenis, que puede terminar un guión en una semana, y que le encanta cuando la gente se ríe viendo una película de Spirou, con bromas que él habría escrito años antes. “Donde vivo, nadie sabe lo que es un cómic -comenta sin acritud- mientras que en Francia hasta los niños me piden firmas”.

Esto toca precisamente una nota muy particular que nos suena a los que somos fans del cómic, y que nos interesa, aunque sea de refilon, la ‘BD’ francesa.

La primera cosa que leí de Zidrou fue una de sus más recientes historias (cuyo título, inspirado aparentemente por el número Pi, es “¿Quien le zurcía los calcetines al Rey de Prusia mientras estaba en la Guerra?”) y pensé que el guión tenía una aproximación interesante al cómic como medio. Muy en la línea de nuestra tradición (española y francesa) del costumbrismo, o como en el caso de ‘Folies Bergère’, la micro-historia.

Cuando le preguntan cómo es trabajar con estos autores españoles, responde “mucho trabajo, muchas copas compartidas, muchos buenos momentos y muchos premios”.

Terminaron siendo constantes en la charla, según los diferentes dibujantes fueron aportando su granito a la conversación, las anécdotas sobre largos fines de semana en casa de Zidrou (o mejor aún, de viaje por el extranjero). “Hay guionistas que son castrantes, yo opino que hay que dar libertad al dibujante, sobretodo a uno novel… El primer álbum es mágico.”

Todos coinciden en un momento u otro, en que los manuscritos de Zidrou, son especiales de leer en sí mismos: espontáneos, muy poco técnicos, aunque con una descriptiva muy viva.

“Siempre intento apropiarme del guión” comenta Jordi Lafebre, el principal chaperón (o ‘chaperone’) de Benoit. “’Liddie’ fue un libro mágico que sobrepasó mi talento”. Lafebre fue el que un buen día se sentó junto a Oriol Hernández en un bar, y le dijo que de las tres ofertas que tenia sobre la mesa, la buena era la de Zidrou.

De ahí saldría ‘La Piel del Oso’.

Luego hizo de traductor a Roger Ibañez en Angouleme, y de ahí saldría ‘¿Quién le zurcía los calcetines…?’. En concreto, Roger nos cuenta que el guión de Zidrou no pudo llegar en un momento mejor, ya que, en pocas palabras, necesitaba un descanso de ‘Jazz Maynard’ (su serie con Raule).

Después de una hora de risas, abrazos y anécdotas, Benoit aprovecha algunas de las preguntas de los presentes para termina con algunas reflexiones: “Estamos al servicio de la historia y los personajes”. En algún momento surge el tema de si le gustaría hacer otras cosas: “Me gustaría escribir historias para espectáculos de marionetas -responde muy en serio- Es algo que me encanta”.

Cosas de escritor, supongo. La charla termina y se nos ofrecen vino y aperitivos.

Dice Mietta Pomodoro en ‘La Piel del Oso’ que ser escritor es un oficio de cobardes, a lo que Don Palermo le contesta “Era eso o vender cupones… sólo tienes que vender un poco de sueños a la gente”. Zidrou es un buen vendedor de sueños, pero más importante aún (y aquí citaré a cierto filósofo prusiano por todos conocido) un buen escritor está poseído no sólo por su propio espíritu, sino también por el de sus amigos.

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