Hablando con profes: Jaime Martín

 

Nuestro profesor de Art Gràfic, Jaime Martín, acaba de publicar Siempre tendremos veinte años con Norma Editorial, el tercer cómic autobiográfico y el que cierra la trilogía familiar del autor junto a los otros dos, ya publicados con la misma editorial, Las Guerras silenciosas (2004) y Jamás tendremos 20 años (2018). Escola Joso ha querido hablar acerca de sus obras con uno de los profesores que, actualmente, es uno de los autores más valorados del noveno arte en Europa.

Jaime Martín comenzó su trayectoria como dibujante de cómics en los años ochenta. Sus primeros trabajos se publicaron en las revistas pioneras del momento como Caníbal y Bichos, en el años 1985, en Humor a tope y Pulgarcito, entre los años 1986 y 1990, o en la célebre El Víbora, publicación en la que comenzó a colaborar a partir de 1987; y donde publicó las historietas Los Primos del Parque o Sangre de Barrio, ambas se recopilaron y publicaron en tres álbumes posteriormente. Con su primera obra publicada, Sangre de Barrio, obtuvo el premio al Mejor Autor Revelación en la octava edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona (1990).

Entre sus obras destacadas se encuentran Los Primos del Parque (1992), La Memoria Oscura (1995), Infierno (1996). Con la editorial francesa Dupuis, Jaime publica Lo que el viento trae (2007), con guion de Wander Antunes, y Todo el polvo del camino (2010). Pero hasta la publicación de Las guerras silenciosas (2013) no es cuando adquiere su reconocimiento a nivel europeo. La primera parte de esta trilogía familiar, la continua con Jamás tendré veinte años, obra que le valió el premio a Mejor Autor en la 35ª edición del Salón Internacional del Cómic de Barcelona (2018). También recibió el Premio Ivà al reconocimiento por su trayectoria profesional el pasado año 2019.

ENTREVISTA JAIME MARTÍN

Con la obra Siempre tendremos veinte años, el mismo autor se pone como protagonista y explica la década de los ochenta desde un punto autobiográfico. En la obra a Jaime lo vemos crecer, relacionarse, crear vínculos de amistad, como sigue evolucionando su historia familiar, siempre con el trasfondo de crítica social y visión de los acontecimientos históricos que ha caracterizado los otros dos álbumes que conforman esta trilogía. Siempre tendremos 20 años adquiere un sentido completo junto a Las guerras silenciosas, donde cuenta la historia de su padre durante el servicio militar que lo llevó a Ifni en 1962, y Jamás tendremos 20 años, que retrata la vida de los abuelos maternos del autor, Isabel y Javi, durante la Guerra Civil. Lo que está claro, es que las tres obras reflejan la evolución como dibujante de cómics, siempre con esa forma tan emotiva y talento característico, que lo han llevado a convertirse en uno de los autores más reconocidos dentro y fuera de España.

 

E.J. ¿Nos puedes explicar los secretos de dibujar un cómic en primera persona donde tú mismo eres el protagonista?

J.M. Creo que simplemente hay que tener una necesidad de transmitir algo muy personal, algo vivido por uno mismo o por gente muy cercana, algo tan íntimo que si pusieras en esa historia a unos personajes de ficción, resultaría muy difícil de llevarla a cabo porque ni tú mismo te la creerías.

E.J. ¿La realidad se puede maquillar?

J.M. Supongo que todo se puede maquillar, pero eso suele ir en detrimento del relato. Son cosas que se acaban notando. Me parece mejor idea omitir aquello que no quieras contar, ya sea por pudor o porque no es importante para la historia. Creo que es un posicionamiento más sincero.

E.J. ¿Cuál ha sido la mayor dificultad a la hora de perfilar algunos de los personajes que representan alguno de tus seres queridos más cercano?

J.M. Escribir el papel de mi abuelo durante la guerra fue complicado al principio, luego cambió radicalmente. Cuando estaba trabajando en el guión, tenía muy poca información sobre cómo vivió su paso por la guerra. Me encontré con que debía elegir entre inventar parte de su historia para cubrir ese vacío, lo cual encontraba totalmente inadecuado porque tiraría por tierra el resto del trabajo, o mantener ese vacío, incorporándolo de la forma más natural posible a la narración. Afortunadamente, uno de mis hermanos le había hecho una larga entrevista en audio antes de morir. Entrevista de la que yo no tenía constancia, pero que me vino de maravilla porque allí relata todo su paso por el frente y los años posteriores. Una auténtica joya. Recordaba hasta los nombre de los que, acabada la guerra, fueron a buscarlo a media noche para fusilarlo con otros republicanos.

E.J. ¿Y el episodio de tu historia familiar cuál es el que más te ha costado dibujar?

J.M. Mi madre murió en 2011, cuando estaba a medio acabar el álbum Las guerras silenciosas. Ella era una de los dos protagonistas de la historia y aún tenía que dibujarla en muchas páginas. Me resultó imposible, tuve que parar varias semanas. A veces debía revisar fotografías donde ella estaba retratada y me resultaba muy duro.

E.J. ¿La trilogía de Jaime Martín se puede leer por separado o sin leer los tres cómics el hilo narrativo pierde sentido?

J.M. Se pueden leer independientemente y en el orden deseado porque el primer álbum, Las guerras silenciosas, surgió como historia autoconclusiva y los siguientes los amoldé a esa fórmula. No soy gran amante de las series, prefiero formatos más cerrados donde el lector tenga la libertad de escoger qué lee y en qué orden.

E.J. En Siempre tendremos 20 años retratas con exactitud la época de los ochenta ¿Cómo realizas la documentación de tu cómic?

J.M. No fue demasiado complicado porque yo viví esos años como adolescente. Me limitaba a recordar y escribir aquellos momentos que me parecían interesantes y enriquecedores para la historia. Luego hay que revisar y contrastar la información volcada en el guion, es entonces cuando toca tirar de internet y cotejar fechas, nombres, cargos políticos y otros datos. A raíz de colgar alguna viñeta en Facebook, he llegado a recibir información valiosa que me ha ayudado a perfilar mejor alguna secuencia, como la del grupo de melenudos que entran a saco en el bus, tras el concierto de Motorhead  o la fecha exacta del concierto de Ramones. Gracias a Eduard Duran y Carlos Gambarte! 😉

 

E.J. ¿Todas las vivencias con el grupo de amigos son reales? ¿Las anécdotas con el tiempo se diluyen un poco en la mente y no se recuerdan con exactitud?

J.M. Sí, aunque a veces cambio el lugar donde pasó algo porque me va mejor para la historia. También he asignado a alguno de mis amigos algún hecho vivido por otro que no sale en el álbum –porque no puedo dibujar a toda la pandilla al completo– pero necesito incluir esa anécdota para ilustrar un pasaje concreto. A veces hay que hacer malabarismos para que la narrativa fluya sin restar veracidad a los hechos, pero si eso no es posible creo que hay que priorizar la fluidez de la historia. En ese sentido, yo no presencié el bombazo que sale en Siempre tendremos 20 años (cerca de la delegación del Gobierno en Barcelona, en el 87), pero sí que presencié ese mismo año el del puerto de Barcelona y recuerdo la estampida de palomas tal como la he dibujado en el álbum. Quería poner un atentado de ETA porque era el pan de cada día, porque formaba parte de la realidad del momento, pero por narrativa me iba mejor incluir uno en lugar de otro.

 

E.J. ¿Qué papel juega el color en el ‘Siempre tendremos 20 años’?

J.M. El color siempre es importante en mis historias. Con su uso trato de enfatizar sentimientos, facilitar el tránsito por los diferentes escenarios,  utilizo los estándares para llevar al lector a lugares comunes o justo lo contrario, según me interese. Por ejemplo, un momento de violencia puede funcionar bien bajo los estándares de un rojo vibrante, pero si trabajamos una paleta con tonos pastel con la intención de recrear un ambiente relajado y entonces introducimos ese momento violento, el efecto de contraste puede actuar como amplificador de esa violencia. Esto es lo divertido del uso del color. Si lo tomamos como algo meramente decorativo estaremos desperdiciando buena parte de su potencial.

 

E.J. Tú cómic ‘Siempre tendremos 20 años’ tiene un poco de reivindicación social por falta de oportunidades a los más jóvenes durante décadas. ¿En ese punto el cómic puede conectar con la generación veinteañera también que se ha comido dos crisis económicas en una década?

Creo que sí.  En los años 80, durante la guerra fría y el pánico nuclear, y en los 90, con la crisis económica tras la primera Guerra del Golfo, el sentimiento de desprecio y maltrato hacia el mundo por parte de los adultos que ostentan el poder es el mismo. Al final, todo se reduce a que un grupo de hombres, viejos, blancos y ricos manejan las riendas del planeta y los demás tenemos que capear el temporal como mejor podamos. Esta misma mañana he leído una noticia en la prensa donde los bancos centrales de todo el mundo advierten que la crisis se va a cebar con las mujeres y, especialmente, con la gente joven. De los jóvenes dice que quienes hayan perdido el acceso al mercado laboral les va a costar 10 o 15 años volver a encontrar un puesto. Y cuando lo consigan, estará mal pagado y en peores condiciones. Siempre es así.

E.J. ¿Qué acogida han tenido tus tres cómics en Francia?

J.M. Muy buena. Todos han tenido excelentes críticas y Las guerras silenciosas fue nominado a los premios del Festival de Angoulême y Lyon BD, Jamás tendré 20 años se vendió especialmente bien y Siempre tendremos 20 años recién editado ya fue seleccionado para los premios de la feria del libro de Saint-Etienne. Soy muy afortunado, pero al mismo tiempo siento una cierta presión, como si cada álbum que escriba tenga que ser mejor que el precedente.

 

E.J. ¿El lector francés es sensible a temas históricos relacionados con la guerra civil?

J.M. En general hay afición a los temas históricos, pero me sorprendió el enorme interés que suscita la Guerra Civil española. He dado varias charlas en institutos de distintos puntos de Francia, donde los alumnos habían hecho trabajos basados en Jamás tendré 20 años, trabajos que les habían puesto como introducción al estudio de ese periodo de nuestra historia. Para mí queda claro que existe un interés real. Además, hay que tener en cuenta la gran cantidad de hijos e hijas del exilio republicano. En cada sesión de firmas que hice en Francia no dejé de encontrarme con estas personas, que además estaban deseosas de nuevas publicaciones que abordasen el tema. Por lo que hablé con ellas, no era muy habitual que recibieran mucha información de sus padres, los cuales estaban hartos de la desgracia de la guerra y del obligado abandono del país para salvar sus vidas.

 

E.J. ¿Quizá desconocen un poco cómo fue la transición y el posfranquismo en España?

J.M. Cierto. Creo que ahí hay menos información. Es como si, una vez muerto el dictador e instaurada la democracia, hubiesen pensado que ya recuperamos la normalidad.

E.J. En ‘Jamás tendremos 20 años’ explicas sin quererlo un poco la historia del cómic en Barcelona ¿Ha sido premeditado?

J.M. En la historia, entre otras cosas, hablo de mi relación con los cómics y eso lleva de forma natural a hablar de las revistas que leía en aquellos años, las editoriales en las que trabajé, etc. No fue una premeditación, sino parte de la información necesaria para contextualizar el relato, como también lo ha sido el hablar política o economía, no desde un punto de vista documental pero sí como elemento que facilita la inmersión en el relato.

E.J. ¿Qué consejos les das a tus alumnos para realizar un cómic autobiográfico?

J.M. Si sienten la necesidad de contar una historia desde el punto de vista absolutamente personal que ofrece la autobiografía, adelante con ello. En general, me parece un género más interesante que la ficción. Pero les diría que de vez en cuando se alejen de su relato y lo observen haciendo un ejercicio de objetividad, tratando de mantener aquella información que ayude a transmitir el mensaje y recrear el ambiente de su historia, y al mismo tiempo ser capaces de descartar aquello que no aporte gran cosa y pueda acabar dando la sensación de que se están mirando demasiado el ombligo.

No importa tanto si el tema ya ha sido tratado en otros cómics, eso va a pasar siempre. Lo importante es el punto de vista personal que van a aportar, ese es el valor al que deben agarrarse. También les recomendaría que traten de atrapar al público desde bien iniciado el relato y, en la medida de lo posible, que lo hagan sentir partícipe, que empatice con la historia o los personajes.

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